Un día, había un niño arreado vacas. Tenia un zurriagó mágico, con solo pegarle una ves a la vaca llegaba ala casa, con soló sonarles el balde llegaban a que las ordeñaran. Un día no le hicieron caso ni con el sonido del tarro ni con el zurriagó. Asta que se dio cuenta que las vacas estaban en cantadas. Y descubrió un desencantamiento y lo puso en funcionamiento. Se dio cuenta que le serbia así pudo desencantar las vacas y ya nunca mas las vacas se encantaron otra vez.
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